Uvas y vinos
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En verdad, acusamos a aquellos y los consideramos dignos del más justo odio, quienes, cegados por la codicia, no prevén los dolores y molestias que les sobrevendrán, deleitándose con las placenteras delicias del presente; y son igualmente culpables quienes abandonan sus obligaciones por la debilidad de ánimo, es decir, por huir de los esfuerzos y los dolores. Y la distinción entre estas cosas es fácil y rápida. Pues en el tiempo libre, cuando se nos ha concedido la libertad de elegir y nada nos impide hacer lo que más nos complace, toda voluptad…
En tiempos de libertad, cuando se nos ofrece la opción de elegir y nada nos impide hacer lo que más nos complace, hay que aceptar todo placer y rechazar todo dolor. Sin embargo, en ciertos momentos, ya sea por obligaciones profesionales o por necesidades de la vida, a menudo sucederá que haya que rechazar los placeres y no eludir las molestias. Por ello, el sabio debe elegir entre estas cosas, de modo que… Pero para que comprendáis de dónde surge todo este error, que acusa al placer y alaba el dolor, voy a desentrañar todo el asunto y explicar lo que dijo el inventor de la verdad y, por así decirlo, el arquitecto de la vida feliz. Porque nadie rechaza, odia ni huye del placer en sí mismo por ser placer, sino por las consecuencias que conlleva.
